Susie llevó a Faustino directamente a la tienda de esmeraldas, donde eligieron cuatro collares valorados en más de un millón cada uno. Cada diseño era una obra maestra que haría suspirar a cualquier mujer.
Al principio, Faustino se sentía un poco avergonzado, pero Susie insistió tanto que no tuvo más remedio que aceptar con agrado, dejando a los empleados de la tienda completamente perplejos.
—Dios mío, ¿estaré soñando? —murmuró uno de ellos—. ¿Cómo es posible que la señorita lo trate tan bien d