—Faustino, ten mucho cuidado, ¡no te dejes llevar por la impulsividad! —le gritó Rosalba muy preocupada. No podía ver en ese momento lo que estaba pasando exactamente, pero sabía muy bien que Faustino no sería rival para Enzo y los demás.
—Señorita Torres, no te preocupes por mí. Si estos animales se atreven a lastimarte, ¡tendrán que pagar un alto precio por ello! —respondió Faustino sin voltear siquiera la cabeza, aún lleno de ira.
—¡Deja de hacerte el valiente, no soy alguien que se deje inti