—¡Maldita sea, ¿quién fue el que hizo esto?!
Faustino, muy preocupado y ansioso, corrió rápidamente a su casa, pero tampoco encontró rastro alguno de Rosalba, poniéndolo aún más nervioso.
De repente, él recordó que, durante el día César y su pandilla habían mencionado que querían acostarse con Rosalba.
—¡Maldito César, si fuiste tú, te lo juro que te voy a asesinar!
Con los ojos llenos de furia, Faustino salió corriendo hacia la tienda del pueblo. Desde la partida de sus padres, Rosalba era su ú