—¿Qué dices? Hace muchísimo que no miro a las viudas bañarse.
Faustino se puso rojo de repente.
Antes, cuando era un niño y no entendía mucho de esto, solía llevar a Ximena para espiar a las viudas mientras se bañaban. Pero realmente no podían ver nada claro, en ese entonces solo tenían una curiosidad inocente sobre las mujeres.
—¡Vaya, ahora resulta que sí tienes vergüenza!
Ximena miró la fuerte incomodidad de Faustino y se echó a reír, haciendo que su pecho se agitara con fuerza.
—Ahora he cr