— ¿Pequeño? — preguntó Damián.
— ¡Ja, ja, ja! ¡Jovencito, esta vez ha perdido! — Damián estaba seguro de que Faustino perdería, independientemente de si elegía grande o pequeño. Con un movimiento rápido, levantó el juego. — ¡Mírenlo bien! ¡Son tres iguales! Qué pena, la suerte está de mi lado — Damián, sin siquiera mirar los dados, se encendió un cigarrillo con una actitud despreocupada.
— Espera, ¿estás seguro de que has ganado? — Faustino, encontrando la situación divertida, se reclinó en su