Dicho esto, Faustino pisó la cabeza de Germán, quien intentaba levantarse.
—Tú... ¿qué piensas hacer? —Germán tragó saliva instintivamente.
Aunque había enfrentado muchas situaciones difíciles, por alguna razón, ante Faustino, que era bastante joven, sintió un miedo genuino.
Esta sensación lo avergonzaba y enfurecía.
—¿Qué voy a hacer? Yo lastimé a tu hijo, tú trajiste gente para matarme. Por mi propia supervivencia, naturalmente debo convertirte también en un idiota —dijo Faustino—. O quizás...