Ignorado por Faustino y Daniela, quienes se dirigían de la mano hacia las piedras de jade, Dante perdió el control.
—¡Faustino, Faustino, te voy a matar! ¡Si te mato, podré recuperar a Daniela!
En un ataque de rabia, Dante sacó una pistola y, gritando, disparó.
—¡Maestro Faustino, cuidado!
Los trabajadores y el capataz gritaron una advertencia al ver que Dante sacaba el arma, pero fue demasiado tarde; la bala ya había salido.
—¡Faustino, escóndete!
Daniela, al oír el disparo, se giró y palideció