Afortunadamente, lo que Daniela temía no sucedió. Sin embargo, la familiar calidez y seguridad la invadieron, haciendo que bajara la guardia. Justo cuando se tranquilizó, su expresión cambió. Sintió que Faustino la soltaba. De reojo, vio que él se estaba quitando la ropa.
—…Faustino, ¿qué haces quitándote la ropa?— preguntó Daniela, protegiéndose instintivamente.
—Señorita Ruvalcaba, cálmese, estoy acostumbrado a dormir desnudo, es más cómodo, ¿no me despreciará?— dijo Faustino, rápidamente desn