—Ay… sí, ella ha tenido una vida muy dura— dijo Daniela, a punto de llorar después de escuchar la conmovedora historia de Faustino. Miró a Faustino con los ojos rojos, llena de admiración.
—Faustino, eres el hombre más bondadoso que he conocido. Yo no habría tenido la grandeza de regalar una fórmula tan buena. He juzgado mal, lo siento mucho… Perdón, Faustino…
—No te preocupes, señorita Ruvalcaba. Te preocupas mucho por mí, por eso sospechas, no me molesta. De hecho, me alegra— dijo Faustino, se