Pensó que Faustino decía que se quedaría con ella, pero en realidad se había escapado a escondidas, abandonándola para que muriera allí. El llanto desgarrador de Daniela resonaba en la cueva.
Justo cuando Daniela se sentía desesperada, ¡plop! Se escuchó un ruido en el agua cercana. Una figura familiar emergió del agua, con dos peces vivos en la mano.
—¡Puf!— Faustino se sacudió el agua del pelo y miró a Daniela, que lloraba desconsoladamente, un poco confundido. —¿Qué te pasa? ¡Lloras tanto que