En poco tiempo, llegaron a los pies de una hermosa montaña. Tacio detuvo el coche y les dijo a los dos pasajeros de atrás:
—Daniela, maestro Faustino, hemos llegado. Pero la montaña es muy empinada, el coche no puede subir. Tendremos que usar el teleférico y caminar un poco. Les pido disculpas por las molestias.
Daniela hizo un gesto despreocupado.
—No importa. No soy ninguna señorita delicada. Un poco de camino no me va a afectar.
...Un rato después...
Faustino y los demás subieron en tele