Que Daniela prefiriera que Faustino, a quien tanto le había costado traer, se marchara, demostraba cuánto temía a Dante.
—Eso es imposible. ¿Me haces venir y ahora quieres que me vaya? —contestó Faustino—. Además, fue Dante quien empezó a molestarme. Con esos modales tan pésimos, no me iré sin darle una lección, sin importar si has terminado tus asuntos o no. Este asunto no terminará así. En esto no hay nada que negociar.
La actitud de Faustino era inflexible. Ante este Dante que pedía a grito