Afortunadamente, Ximena no le pidió cuentas a Faustino, solo le dirigió una mirada de reproche. Naturalmente, sabía que este tipo era un mujeriego que no podía resistirse a las bellezas, que seguramente acabarían como ella.
En cambio, mostró generosidad: —Faustino, cuida bien de ella.
—Por supuesto, la cuidaré bien —asintió Faustino sonriendo.
No esperaba que Ximena fuera tan comprensiva y aparentemente no le molestara su evidente relación con Susie. Una idea sumamente atrevida surgió en su ment