Pero para Russel, él sí sabía lo mucho que dolía el puñetazo de Faustino.
Los espectadores pensaban que estaba actuando y se burlaban sin parar de él.
Esto era más de lo que Russel podía soportar.
—¡AHHH! —rugió Russel.
Se arrancó la camiseta negra, exhibiendo sus músculos enormes.
Con ese grito, sus músculos comenzaron a hincharse rápidamente, produciendo una serie de crujidos en sus huesos.
Su fuerza aumentaba a cada segundo.
Russel apretó con fuerza, deformando sin esfuerzo la malla de acero