La apuesta estaba perdida.
—¡Maldición! ¿Qué clase de suerte del demonio tiene este mocoso? ¿Cómo pudo encontrar jade imperial verde? —Yeison, desesperado, se dirigió a Fidel—. No, Fidel, ayúdeme una vez más. Solo una más. Le daré lo que pida.
Yeison no podía aceptar perder cincuenta millones, y mucho menos a Susie. La bella mujer de hielo se había convertido en una obsesión que juró conseguir a cualquier precio.
Sus ojos, inyectados en sangre y hundidos en sus cuencas, lo hacían parecer un juga