Sólo cuatro piedras habían bastado para que todos experimentaran una montaña rusa de emociones, oscilando entre el cielo y el infierno.
Jairo sonrió, aún nervioso.
—Llevo años en el negocio del jade, pero nunca había sentido tanta emoción. Mi corazón apenas puede soportarlo.
Billy asintió enfáticamente.
—Don Jairo, no es solo usted. Yo estoy igual, pero debemos mantener la calma. Todavía tenemos grandes posibilidades.
Susie, olvidando por completo su imagen de diosa inalcanzable, apretó los