—Esa zorra... —murmuró Lara, volviendo al reservado con la cabeza aturdida y el rostro bañado en lágrimas.
Al verla llorar con la marca de una mano claramente visible en la mejilla, Faustino preguntó alarmado:
—Lara, ¿qué pasó? ¿Quién te pegó?
Las otras chicas se acercaron rápidamente, usando hielo para aliviar el dolor y la hinchazón. Entre sollozos, Lara les contó lo sucedido. ¡Bam!
Faustino, furioso, golpeó la pared con el puño, haciendo que se agrietara la superficie lisa.
—¡Maldita sea! ¿S