Después de elegir la lencería, la noche ya estaba muy avanzada, y todos se fueron a dormir. A la mañana siguiente…
Faustino, satisfecho, yacía en la cama. A su izquierda, abrazaba la cintura de Lara; sus largas y suaves piernas descansaban sobre él. El rostro delicado de Lara reflejaba una satisfacción innegable. A su derecha, su mano cubría los glúteos firmes de Rosalba, cuyo rostro mostraba una mezcla de cansancio, satisfacción y felicidad. Rosalba aferraba con fuerza el brazo de Faustino,