¡Toc, toc, toc!
Justo cuando Faustino se disponía a hacerle travesura, unos golpes en la puerta de la clínica interrumpieron el momento.
— ¿Quién será a estas horas? —Gruñó Faustino, un poco molesto por la interrupción.
— Buenas noches, ¿es aquí la dirección del señor López? Le traemos la ropa que compró. ¡Por favor, confirme la recepción! —Una voz femenina se escuchó desde afuera. Era Valeria, la vendedora de la tienda de lencería, acompañada de un chofer de una camioneta.
— ¿Ya llegó la ropa?