Viendo la iniciativa de Lara y su mirada de anhelo urgente, Faustino sintió una oleada de satisfacción.
—También te daré acupuntura.
Faustino, con la boca seca, comenzó a darle a Lara una peculiar sesión de acupuntura. No sabía si era una ilusión, pero sentía que las necesidades de Lara eran cada vez mayores últimamente; quizás fuera un principio similar al de la agricultura: con una buena azada y abundante riego, la tierra se vuelve más fértil.
—Faustino, masajea a Rosalba.
Rosalba habló mient