Las dos mujeres hacían todo lo posible por animar a Faustino.
Pero Faustino tenía el corazón muy adolorido en ese momento.
—Rosalba, Lara, gracias por ser tan buenas conmigo.
—Ya es tarde, vamos a descansar.
—Mañana tengo que ir a la ciudad por un asunto.
Dicho esto, Faustino se acostó en la cama, con lágrimas que no podía contener.
Tanto Rosalba como Lara nunca habían visto a Faustino tan triste, y ni siquiera podían conciliar el sueño.
Las dos mujeres no dijeron nada más, solo abrazaron a Faus