Cuando abrió la puerta, Wilson estaba de pie en la entrada de la habitación. Su corazón se hundió de inmediato.
—¿Wilson? —balbuceó Amanda, con la voz temblorosa—. Eso no puede ser.
—Pues lo es —respondió Wilson, soltando una risita.
—¿Cómo demonios entraste aquí? Tú… —Amanda se quedó sin palabras. No podía creer que hubiera llegado a su habitación sin previo aviso y sin que Rowán lo viera.
—Esta es la casa de mi hermano, recuérdalo —replicó Wilson—. Y creo que lo mejor para ti ahora mismo es d