DEMETRIA
—¡Marion!... ¡Marion! ¡Para, por favor, que le vas a hacer daño! —grité con la voz entrecortada mientras intentaba apartarlo de Patrick, el pediatra que encontré en la app de citas. Llevábamos más de un mes mandándonos mensajes, coqueteando sin hacer daño e intercambiando anécdotas del trabajo; el viernes se suponía que sería nuestra primera cita de verdad. Pero cuando Patrick me pidió pasar antes, me pareció tan decente, tan seguro, que no le vi nada malo en dejarlo entrar un rato en mi apartamento. Solo una copa de vino. Solo una charla intrascendente.
Llevábamos hablando solo cuarenta y cinco minutos, riéndonos del caos de su trabajo, cuando se desató el infierno.
Marion.
El mismísimo diablo decidió entrar por mi puerta sin avisar, y lo siguiente que supe fue que Patrick estaba en el suelo con Marion a horcajadas sobre él, lanzándole puñetazos como un poseso.
El sonido, ese crujido horrible, como un hueso al romperse bajo un nudillo, me devolvió al caos. Se me encogió el c