DEMETRIA
—¿Quién llama? —preguntó Marion, frunciendo el ceño como si alguien estuviera interrumpiendo un buenos días.
—Es Anastasia.
—Vale, te doy espacio. Estoy en el pasillo cuando termines.
Marion se levantó y se sentó a unos metros de distancia con una tableta en la mano, reclinándose en el sofá, dándome espacio. Eso mismo me sorprendió.
Deslicé el dedo para responder. —¿Anas?
Su risa me impactó al instante, burlona y fuerte en mi oído. —Vaya, vaya, mira quién por fin ha decidido despertar.