DEMETRIA
El cuero del Bugatti de Marion me calentaba las piernas; la luz del sol matutino se filtraba por los cristales tintados. Aún sentía en mi cuerpo el resplandor de la noche anterior, las risas, los besos, la emoción de una noche como ninguna otra. Ahora, de camino a casa de Anastasia, la realidad volvía a aparecer, aunque no de forma desagradable.
Mi teléfono vibró, iluminándose con una llamada de papá. Sentí un nudo en el pecho. No había hablado con él desde el viernes y la culpa me agu