DEMETRIA
El cuero del Bugatti de Marion me calentaba las piernas; la luz del sol matutino se filtraba por los cristales tintados. Aún sentía en mi cuerpo el resplandor de la noche anterior, las risas, los besos, la emoción de una noche como ninguna otra. Ahora, de camino a casa de Anastasia, la realidad volvía a aparecer, aunque no de forma desagradable.
Mi teléfono vibró, iluminándose con una llamada de papá. Sentí un nudo en el pecho. No había hablado con él desde el viernes y la culpa me aguijoneaba.
Respondí rápidamente: "Papá, buenos días".
"¡Mija, feliz cumpleaños atrasado!" Su voz profunda me calentó el pecho al instante.
Sonreí. "Gracias, papá".
"¿Qué tal? ¿Tu cumpleaños? ¿Te divertiste? ¿Te divertiste?"
Me mordí el labio y miré las manos de Marion al volante, sus dedos firmes, su reloj de pulsera reflejando la luz. Bajé un poco la voz. "Sí, papá. Sí, papá. Fue... especial".
"Ajá", dijo con complicidad, arrastrando la palabra. "Especial, ¿eh? Así que hay alguien, ¿no?"
Reí ner