DEMETRIA
“Mmm…”, gemí suavemente en sueños, mientras el calor se acumulaba en mi vientre. Mis pestañas se abrieron lo justo para ver a Marion, su boca en la parte interior de mi muslo, sus dientes rozando mi piel sensible. Solté un suspiro agudo.
La habitación estaba a oscuras; el tenue resplandor de la ciudad se filtraba a través de las cortinas. Aún no era de la mañana. Demasiado temprano, o quizás demasiado tarde para este tipo de hambre, pero con Marion, el tiempo no importaba.
Sus manos se