MARION
Demetria gimió debajo de mí, clavándose las uñas en mis hombros como si se aferrara a ella con todas sus fuerzas. El sonido de su voz, su temblor, solo me excitó aún más. Mi boca recorrió su cuello, saboreándola, mordiéndola, aspirándola.
Su coño me apretaba tan fuerte que juré que perdería la cabeza. Cada embestida me hacía más profundo, más duro, reclamándola como ningún otro hombre lo haría jamás.
"Joder...", gemí contra su oído, con la voz áspera y cruda. "Te sientes tan bien. Ojalá