DEMETRIA
Miré hacia atrás justo cuando oí la voz que llamaba a Marion. ¡Oh, perfecto! Las mismas dos mujeres con las que me había topado en el supermercado y de nuevo en el club. Las supuestas amigas de Paula. Problemas con tacones de diseñador.
"Marion Whitfield", canturreó una de ellas, la rubia. Sus labios se curvaron en una sonrisa pícara. La otra, pelirroja, agarraba un bolso de Dior como un trofeo, con los ojos fijos en mí y entrecerrándolos ligeramente.
"Señoras", dijo Marion con suavidad, con la voz tranquila, distante, como si se dirigiera a desconocidas en la calle. Su brazo rozó el mío ligeramente, un gesto mínimo, pero suficiente para recordarme que no estaba nervioso.
"¿Compras para Paula hoy?", preguntó la primera, ladeando la cabeza. Su tono era dulce, pero el azúcar estaba envenenado. "Le encantará lo que elijas".
Se me encogió el estómago. Así que así jugaban.
Marion no se inmutó. "Paula no." Su voz era baja, deliberada. "No compro para el pasado".
La segunda mujer s