DEMETRIA
“Demetria.”
La palabra me llenó el sueño, sacándome de la calidez de mis sueños. Parpadeé y lo primero que vi fue a Marion de pie junto a la cama, con una sonrisa maliciosa en los labios. El sol de la mañana se filtraba a través de las ventanas, dándole el aspecto de algo que nunca debería haber podido tocar, demasiado intocable, demasiado peligroso. Y, sin embargo, allí estaba, despertándome.
Gemí, hundiendo la cara en la almohada. “Marion, es demasiado temprano.”
“¿Demasiado temprano?”, repitió, con la voz suave como el terciopelo y un toque de diversión. “Son más de las nueve, Fuego Salvaje. Para mí es prácticamente mediodía.”
“Algunos no dirigimos imperios antes del desayuno”, murmuré, con la voz ahogada por las sábanas.
Sentí su mano rozando mi cabello, colocando mechones detrás de mi oreja. —Dice el panadero. Ven. Refréscate. Luego comemos.
Lo miré de reojo, entrecerrando los ojos. —Suenas como mi padre.
Rió por lo bajo. —Créeme, no me parezco en nada al tuyo.
Me incorp