DEMETRIA
—¡Marion! —Intenté protegerme la cara. Había levantado una cámara, se la había acercado a la cara y le había sacado una foto. Lo había notado antes, al entrar en su habitación, donde había un televisor grande de pantalla plana en la pared frente a la cama. Debajo había una cómoda negra con la cámara encima.
—Tranquila. No se las venderé a los blogs. Son mías para que las revisen. —Sonrió. Ahora estaba sentado en una otomana. Jugaba con la cámara porque me negaba a desnudarme. Soy testaruda, lo sé—. No hay necesidad de ser tímida ante la cámara, Wildfire. Te quiere, y estás hecha para eso. —Señaló otra foto. Puse los ojos en blanco ante su infantilismo, con una sonrisa asomándose a mis labios.
Marion se levantó. Fue entonces cuando me fijé en las cuerdas amarillas brillantes. Al principio estaban en su regazo, pero ahora las tenía en la mano.
—¿Para qué son? —le pregunté. Se giró y dejó la cámara. Sus ojos me escrutaron.
"Desnúdate", exigió, con el iris oscuro y dilatado, la v