—¿Me va a decir quién es? —le pregunté dándole la última oportunidad de sincerarse.
—Trataré —contestó, logrando que volviera al asiento.
Lo seguí contemplando mientras acababa su té, luego alzó su rostro para mirarme con sus profundos ojos negros, al hacerlo experimenté que dentro de esas cuencas no había maldad, sino todo lo contrario.
—Victoria, si te dijera que soy una especie de guerrero, ¿me creerías? —su pregunta me dejo escéptica, sin embargo, le contesté.
—¿Por qué no lo haría? Total,