—¡Abre la m*****a puerta! ¡Enfrenta todo esto de una buena vez!
Apreté la mano en torno a la cerradura y abriendo por fin el portal que me dejaba ver el interior de la habitación. Mis ojos se fijaron en un hombre increíblemente alto que estaba dentro de la estancia. Su cruel perfil contemplaba ciegamente las sombras. Fue entonces cuando la sensación de que algo siniestro se cernía sobre mí apoderándose de mi entereza, una densa humareda comenzó a tomar vida. No podía contener el horror que me r