Ya no aguantaba el sueño, mis ojos luchaban por mantenerse despiertos, así que no tuve más remedio que dejarme vencer. Me acurruqué en la cama abrazando la almohada, un repentino recuerdo furtivo cruzó mi mente evocando el rostro de Adrián. Su efigie se esparcía diáfana en todo mi interior, irradiando un agradable calor, estaba casi dormida cuando un murmullo irrumpió mi descanso.
—Sangre por sangre… ¿Ese es el precio que quieres pagar?
Me agité y el sueño se desvaneció, no me hacía falta ad