La llamada de Jhon entró al teléfono personal de Alejandro cuando el reloj marcaba las diez de la noche. Alejandro, sumido en la penumbra de su biblioteca, dio un largo trago a su vaso de whisky antes de contestar. Jhon, desde el puerto en Estados Unidos, no solía llamar a menos que las alarmas de la naviera Holmes encendieran alertas rojas a nivel internacional.
—Alejandro, acabo de ver los informes de la devaluación de las acciones en la bolsa de Nueva York —la voz de Jhon sonaba tensa, car