Bianca, temblando de furia, logró soltarse del implacable agarre de Cassian. En un impulso, levantó la mano y lo abofeteó con todas sus fuerzas. El golpe resonó en la habitación, y ella, con los ojos brillando de rabia, no pudo evitar gritarle:
—¡Me das asco, Cassian! ¡Asco entiéndelo ¿Cómo te atreves a tocarme? ¡A besarme, siendo tú un hombre casado con mi jodida hermana!
Su respiración era rápida, su rostro enrojecido por la ira, mientras el veneno en sus palabras parecía envolverlo todo. No