Mundo ficciónIniciar sesiónLa discusión con Adriel había sido un duro golpe para Susy, pues finalmente entendió que para él ella era solo un entretenimiento, alguien en quien descargar sus pasiones sin importarle su corazón ni su futuro. Era verdad que él nunca le había prometido nada más, pero el amor es caprichoso y no se rige por los acuerdos o pactos. Y allí estaba ella, con el corazón destrozado y un pequeño ser en su vientre, fruto de la ilusión que creyó tener con ese hombre.
Con un dolor indescriptible en el pecho, Susy tomó la decisión más difícil de su vida: alejarse de Adriel. Sabía que su amor no era suficiente para mantenerlo a su lado, especialmente ahora que había un bebé en camino. No podía obligarlo a asumir una responsabilidad que no deseaba, y no estaba dispuesta a poner en riesgo el bienestar de su hijo por un amor unilateral. A pesar de que amaba a Adriel con todo su corazón, tenía que pensar en el futuro de su bebé y tomar una decisión difícil pero necesaria.
La noche en que abandonó la casa, Susy se sintió como una barca a la deriva, sin rumbo ni destino fijo. Con lágrimas en los ojos, tomó sus pertenencias y salió de allí con el alma hecha pedazos. Había confiado en la familia de Adriel, los Aristizábal, como su refugio seguro, pero incluso allí no se sentía protegida. Desde que su abuelo, el viejo sátrapa, la echó a la calle, Susy había perdido el hogar que tanto necesitaba. Ahora, sin un lugar adonde ir, solo le quedaba enfrentar el futuro incierto, con valentía y esperanza en el corazón.
Susana tuvo una infancia de ensueño, rodeada del amor y la atención de unos padres que se desvivían por ella. Su padre era un magnate textil que no conocía límites, viajando a destinos exóticos para cerrar negocios y expandir su imperio. Pero cuando regresaba a casa, hacía que cada momento contara, y así Susy y su madre disfrutaron de una vida de lujos y felicidad. Sin embargo, todo cambió de la noche a la mañana.
Una de esas noches en las que se respira en el ambiente una tensión tan densa que parece que la lluvia no cesará jamás, los padres de Susy tenían una cita con unos empresarios nipones: una cena de negocios en toda regla. Susy, tras sus agotadoras clases de natación, no estaba para demasiados trotes y rechazó la invitación. ¿Quién podía culparla? No obstante, los padres no se amilanaron y se dispusieron a salir a pesar de la lluvia torrencial. Ya saben lo que dicen: los negocios son los negocios. Pero prometieron a su hija un maratón de terror para cuando regresaran, un festín de sangre y tripas que duraría hasta que los primeros rayos de sol se asomaran por el horizonte. A pesar del temporal, sus padres no podían postergar esa reunión, pero nunca imaginaron que esa noche les cambiaría la vida para siempre.
El camino era oscuro y retorcido, la lluvia dificultaba la visibilidad y el suelo era inestable. Pero lo más peligroso no era la naturaleza, sino el hombre. Un conductor ebrio, que venía de una fiesta, hizo una maniobra brusca y perdió el control de su vehículo, impactando de frente contra el carro de los padres de Susy. En un instante, sus vidas se esfumaron en un torbellino de metal retorcido y vidrio roto. La muerte había llegado, sin piedad ni aviso previo, y había arrebatado a sus seres queridos en un parpadeo.
Desde ese mismo momento, su vida se desgarró en pedazos. Los cadáveres de sus padres aún no se habían enfriado por completo cuando su abuelo, Juan del Pino, apareció en su puerta con la voracidad de un buitre hambriento. No hubo lágrimas ni lamentos, solo la cruda y fría realidad de un hombre que únicamente pensaba en sí mismo. Con una mirada llena de avaricia, arrebató todo lo que ellos poseían, incluyendo la casa donde ella había crecido y que había amado desde que era una niña. Sin consideración ni misericordia, la echó a la calle como si fuera una bolsa de basura.
Susana apenas tuvo tiempo de llorar la pérdida de sus seres queridos, porque la crueldad de su abuelo desalmado le arrebató hasta ese derecho. Fue gracias a Adriel y su familia, grandes amigos de sus padres, que encontró refugio y el amor que necesitaba para seguir adelante. Ahora, sin embargo, todo estaba llegando a su fin. Era hora de partir, de dejar el nido y volar hacia un lugar incierto.
Había una única alma en el universo que podría asistirla, y esa era su amiga de toda la vida, Esperanza, con quien había compartido hasta los más oscuros secretos. Era la única persona que sabía todo lo que estaba pasando, la que le había susurrado al oído que una pausa en su relación con Adriel quizás era lo que necesitaban. Esperanza, con su sabiduría y experiencia, le ofreció una cabaña oculta en las afueras de la ciudad, lejos de las miradas de los Aristizábal, y ese remanso de paz le pareció a Susy el lugar ideal para sanar las heridas del corazón.
A pesar de que Susana estaba convencida de que había tomado todas las precauciones necesarias para mantenerse a salvo y lejos de Juan del Pino, no se dio cuenta de que el peligro estaba al acecho. Su abuelo, el viejo astuto y vengativo, llevaba meses vigilando cada uno de sus movimientos. Y en la celebración de cumpleaños de Adriel, los hombres de Juan del Pino estaban acechando en las sombras, esperando el momento adecuado para ejecutar una orden que les habían dado.
Así que, cuando Susana salió de la propiedad de los Aristizábal, fue sorprendida por uno de los secuaces del malvado patriarca, que la agarró por la fuerza y la arrastró lejos de la seguridad que había conocido toda su vida.







