"No hay nada más peligroso que una mujer herida que se levanta y lucha por lo que quiere".—Es un miserable, devuélveme a mi hijo —gritó Susana desesperada—, devuélveme a mi bebé, él no puede estar muerto.Susana se levantó de la cama y se irguió con el rostro enrojecido de rabia, al notar cómo Juan del Pino disfrutaba de su desgracia. Se tambaleó al caminar, pero aun así se dirigió hacia él con firmeza, dispuesta a enfrentar al hombre que había hecho de su vida un infierno. Pero sus esfuerzos fueron en vano, ya que los secuaces que se hallaban a su lado se interpusieron en su camino, impidiéndole acercarse a Juan.La joven trató de esquivarlos, pero fue en vano; se sentía impotente ante tanta injusticia. Sus amigos, por su parte, parecían estar igualmente paralizados, incapaces de reaccionar ante lo que estaba ocurriendo. Juan, por su parte, observaba la escena con una sonrisa maliciosa, disfrutando de la humillación que estaba infligiendo a Susana.—Vivirás con ese dolor toda tu vid
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