Mundo ficciónIniciar sesión"No hay nada más peligroso que una mujer herida que se levanta y lucha por lo que quiere".
—Es un miserable, devuélveme a mi hijo —gritó Susana desesperada—, devuélveme a mi bebé, él no puede estar muerto.
Susana se levantó de la cama y se irguió con el rostro enrojecido de rabia, al notar cómo Juan del Pino disfrutaba de su desgracia. Se tambaleó al caminar, pero aun así se dirigió hacia él con firmeza, dispuesta a enfrentar al hombre que había hecho de su vida un infierno. Pero sus esfuerzos fueron en vano, ya que los secuaces que se hallaban a su lado se interpusieron en su camino, impidiéndole acercarse a Juan.
La joven trató de esquivarlos, pero fue en vano; se sentía impotente ante tanta injusticia. Sus amigos, por su parte, parecían estar igualmente paralizados, incapaces de reaccionar ante lo que estaba ocurriendo. Juan, por su parte, observaba la escena con una sonrisa maliciosa, disfrutando de la humillación que estaba infligiendo a Susana.
—Vivirás con ese dolor toda tu vida, así nunca olvidarás la traición que cometiste contra la familia, y que no se te olvide que tú eres la única culpable de que tu bastardo pagara tu desobediencia.
Susy soltó un grito agudo que retumbó en la habitación, sus ojos se llenaron de lágrimas mientras observaba a su abuelo con incredulidad. ¿Cómo había podido hacer algo así? Sus amigos corrieron hacia ella para ofrecerle consuelo, abrazándola con fuerza mientras trataban de calmarla. La habitación se inundó de un silencio pesado, solo roto por los sollozos de Susy, que luchaba por aceptar la cruda realidad.
Susana no pudo evitar sentir que su corazón se rompía en mil pedazos, y con la voz temblorosa le dijo a su malvado abuelo:
—Miserable, hoy me has arrebatado la vida, pero no te quedes tranquilo, porque yo también acabaré contigo, aunque tenga que poner mi vida en ello—. Pero Juan del Pino no se inmutó ante las palabras de la joven, y con una risa burlona le dio la espalda y se alejó con desdén, dejando a Susana sumida en la impotencia y la rabia.
Susana nunca volvió a ser la misma después de aquel trágico suceso; su espíritu se había roto y su alegría se había extinguido. La pérdida de su hijo fue un golpe demasiado fuerte para ella y sufrió un ataque nervioso que la dejó en un estado de shock por meses. Sus amigos, quienes habían sido su apoyo durante todo el embarazo, no la abandonaron en ningún momento y estuvieron a su lado mientras luchaba por recuperarse. Los días se volvieron interminables y las noches aún más largas, mientras Susy luchaba contra sus demonios internos. Su corazón se llenó de un odio ardiente y feroz, y solo anhelaba una cosa en la vida: venganza. Ya nunca volvería a inclinar la cabeza ante aquellos que le habían causado tanto dolor. En su interior, Susy se prometió cobrar con creces cada gota de sangre derramada de su hijo.
La chica se sumergió en el mundo de los negocios, convirtiéndose en una verdadera experta en finanzas. Cada día era una oportunidad para aprender más, para adquirir nuevas habilidades y conocimientos. Pasaba horas leyendo y estudiando, buscando cada pequeño detalle que pudiera ser útil en su camino.
Su belleza y astucia atrajeron a los hombres más poderosos del mundo de los negocios, pero ella no permitía que sus encantos interfirieran en su objetivo. Solo se enfocaba en formar alianzas que pudieran ayudarla a cumplir su objetivo. Así fue como conoció a Horacio Belmonte, quien desconocía cuál era su verdadera identidad.
Juntos, crearon un equipo imparable. No importaba lo lejos que tuvieran que llegar ni lo difícil que fuera el camino; ellos estaban decididos a conseguir lo que querían, y así lo hicieron.
Susana no era la misma chica de antes. Su rostro ya no reflejaba la dulzura y la inocencia que alguna vez la caracterizaron.
Una mañana, Susy se paró frente al espejo y estudió su nueva apariencia detenidamente. Su cabello ahora era un suave tono castaño rojizo, caía en ondas suaves sobre sus hombros y realzaba su belleza natural. El corte moderno le daba un aire de confianza y seguridad que antes no tenía. Sus ojos verdes brillaban con un fuego interior que nunca antes había visto.
Dejó atrás sus ropas sencillas y las reemplazó por diseños de alta costura que se adaptaban perfectamente a su nueva imagen. Su guardarropa estaba lleno de piezas elegantes y sofisticadas que reflejaban su nueva personalidad: fuerte, decidida y segura de sí misma.
A pesar de los cambios en su vida, nunca olvidó a sus amigos del campo que la ayudaron en su momento más oscuro. Les agradeció cada día por todo lo que habían hecho por ella y por haber estado a su lado en cada paso del camino. Susy sabía que, sin ellos, nunca habría llegado tan lejos.
Sus ojos brillaban con una intensidad que dejaba claro que no se detendría ante nada. El mundo estaba a sus pies, y ella estaba lista para comenzar a cobrar las deudas de todos los que le hicieron daño.
5 años después.
La ciudad capitalina estaba en pleno apogeo; las calles estaban repletas de vehículos de lujo y personas ataviadas con sus mejores galas. La noche se cernía sobre la ciudad, y con ella llegaba el evento más importante del año: la ceremonia de premiación de los mejores empresarios del país.
El lugar elegido para el evento era nada menos que el majestuoso Palacio de las Artes, una impresionante edificación de estilo neoclásico que irradiaba lujo y elegancia por cada uno de sus poros. Los invitados comenzaron a llegar, vestidos con sus mejores trajes de diseñador y joyas resplandecientes que relucían bajo las luces de los candelabros.
Los periodistas y fotógrafos se agolpaban en las afueras del majestuoso recinto, con sus cámaras y micrófonos en mano, dispuestos a capturar cada momento de la glamorosa noche. La calle estaba llena de vehículos lujosos y limusinas que se dirigían hacia la entrada principal, escoltadas por guardaespaldas musculosos y bien vestidos. Los flashes de las cámaras y los gritos de los periodistas se escuchaban desde lejos, creando un ambiente frenético y glamuroso. La alfombra roja, impecablemente tendida, era el centro de atención, invitando a los asistentes a caminar con elegancia hacia la entrada del recinto, donde se encontraba el vestíbulo principal. Era una noche mágica, donde todo el mundo parecía estar a la espera de algo grandioso.
La expectación era alta en el recinto; todos esperaban ansiosos la llegada de Adriel Aristizábal, el magnate de los negocios que se había convertido en una leyenda en el mundo empresarial. Las luces brillaban en todo su esplendor, los camareros vestidos de esmoquin pasaban de un lado a otro llevando bandejas llenas de champaña y canapés de caviar. El rumor de las conversaciones llenaba el aire, mientras los fotógrafos y periodistas aguardaban en la entrada, esperando el momento en que el magnate pisara la alfombra roja para inmortalizar el momento.
Ese fue el momento que Susana eligió para hacer su aparición luego de cinco años de ausencia; su venganza había comenzado.







