CAPÍTULO — Unidos en la víspera de Navidad
El pueblo amaneció con una calma rara para ser víspera de Navidad. No era la calma de los días felices: era una calma contenida, como si las casas respiraran bajito para no asustar la suerte. En las calles todavía dormidas empezaba a colarse el aroma del pan recién horneado, y desde la escuela —cerrada por vacaciones— se escuchaba, como un recuerdo, el eco de villancicos que los chicos habían ensayado la semana anterior.
En la casa de Gabriel y Flor,