Capítulo: Unidos por la Esperanza
El jueves amaneció distinto.
No fue una intuición ni una sensación vaga: fue un hecho.
Gabriel lo entendió apenas abrió la puerta y vio a Florcita bajarse del auto con una sonrisa abierta, sin miedo, sin lágrimas, corriendo directo hacia ellos como si nadie pudiera detenerla.
—¡Papi! ¡Mami! ¡Dylan! —gritó, lanzándose a sus brazos.
Gabriel se agachó de inmediato y la recibió con un abrazo firme, tangible, real. No fue consuelo: fue pertenencia. Flor se sumó