Lydia se acercó a él despacio. Buscó la mano de Cale y la apretó. Ese calor siempre la había reconfortado, pero esta vez solo acentuaba su angustia.
—Esta vez —susurró—, ¿podrías no ir, por favor?
Cale la miró con ternura.
—Lydia, mi amor.
—Deja que Vincent dirija la operación. —Las lágrimas comenzaron a asomar en los ojos de Lydia—. Todavía tienes a Trent, a Gio y a cualquier otro hombre al que puedas darle órdenes. Deja que alguien más ocupe tu lugar, Cale. ¿No puedes?
Lydia guardó silencio un