—Chris.
—Althea también tiene que saberlo —replicó Chris.
—Por favor, Chris. —Esta vez había un tono de súplica en la voz de Felicia—. No quiero que se preocupen.
Pero al final, la mujer suspiró y miró directo a Chris.
—Por favor.
Se hizo un breve silencio entre ellos. Por primera vez desde que empezó la conversación, Chris pareció quedarse sin argumentos.
Apretó la mandíbula, cerró los puños y su mirada delataba que analizaba muchas cosas. Era evidente que no le agradaba la petición. Sin embarg