Al fin llegó el día de regresar a Portclair.
Desde la mañana, la mansión Miller volvía a bullir de actividad. Las maletas que habían desempacado ahora estaban bien ordenadas junto a la entrada. Los sirvientes iban y venían llevando el equipaje, mientras el murmullo de las conversaciones se escuchaba desde distintos rincones de la casa.
A diferencia del primer día en que Naomi llegó a Solaviz, esta vez la invadía una extraña sensación que no lograba explicarse del todo; una sensación que volvía s