Los pasos de Daven resonaban con fuerza en el pasillo, con rapidez y determinación. Ahora que había obtenido el permiso especial de Tania, no tenía sentido fingir; no estaba ahí solo por formalidad. Quería ver a Josh.
Desde que Tania había pronunciado el nombre completo del niño, algo le carcomía la mente. Intentaba ignorarlo una y otra vez, pero el pensamiento se negaba a abandonarlo. En el fondo, debajo de cada capa racional de lógica, anhelaba una sola cosa.
Validación.
¿Estaba mal esperar a