Cale cayó de rodillas frente a él.
—Aquí estoy. La ayuda viene en camino. Ya está todo preparado para cuando llegue...
Gavin Devereux negó con la cabeza y una sonrisa asomó a sus labios. La sangre le resbalaba por la boca, pero él parecía no sentirla.
—Es demasiado tarde —dijo en voz baja—. No se puede salvar todo.
Cale negó con la cabeza.
—Todavía hay una forma...
—No —dijo con voz débil, aunque firme—. Escúchame, Alec. Eres mi hijo, mi orgullo.
Cale guardó silencio.
—Protege a mi hija menor.
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