—Sí —respondió Chris mientras asentía y miraba de reojo su reloj—. Deberíamos volver a casa.
—Ah, sí. Tienes razón —coincidió Naomi.
No tenía ningún deseo de escuchar un largo sermón de Cale si regresaban tarde. Cale era una persona puntual y, tratándose de él, hacía falta una muy buena razón para llegar tarde.
Al girarse para caminar hacia el auto, Chris se detuvo. Entrecerró los ojos y miró de reojo la hilera de autos estacionados bajo la sombra de los árboles al otro lado de la calle.
Antes d