Lydia miró a Cale sin parpadear; se le cortaba la respiración mientras las últimas palabras de él resonaban en su cabeza. Dos días. En dos días tendría que irse con Naomi. Ninguna explicación de verdad ni margen para negarse, más allá de unas pocas palabras que, era obvio, él no estaba dispuesto a escuchar.
—¿Esa es tu decisión? —preguntó Lydia al fin en voz baja, pero con tono tajante.
Cale no contestó enseguida. Estaba de pie junto a la cama, ajustándose la manga de la camisa con una calma des