A Lydia esa explicación le pareció muy razonable. Sin embargo, una hora después, los últimos restos de su sonrisa también se desvanecieron.
Trent volvió a entrar al estudio, y esta vez su expresión era mucho más seria que antes.
—Todavía no doy con ellos, señor.
Cale arrugó la frente.
—¿Aún no hay noticias?
—No.
—¿Siguen sin contestar las llamadas?
De nuevo, Trent negó con la cabeza.
—Rastreen la ubicación de sus teléfonos —le ordenó Cale con firmeza a Vincent, que también estaba allí.
Trent res