—¿No le bastó ayer con el Museo de Pérgamo? —preguntó Andrew con tono alegre y desenfadado.
No le molestaba llevarla a donde quisiera. Solo les quedaban dos días antes de volver a casa. Y, como buen guía, pensaba aprovecharlos al máximo. Le daría a Lydia cuanto necesitara.
—Podría decirse que sí —respondió Lydia con calma, mientras contemplaba el paisaje por la ventana. El trayecto le resultaba casi relajante después de pasar casi dos horas recorriendo el centro comercial.
Había comprado muy poc