Naomi asintió con decisión.
—Ah, debería volver al trabajo. —Recogió algunos utensilios de limpieza y se puso en marcha deprisa... hasta que...
—¡Ay! —Naomi contrajo la cara de dolor y se sujetó la muñeca de inmediato.
Tenía un moretón en la muñeca.
—Ya debería irme —añadió apresuradamente.
—¿Estás bien? —preguntó Lydia, sobresaltada por lo que acababa de ver.
La chica estaba lastimada. Naomi entreabrió los labios para responder, pero se escucharon otros pasos que se acercaban. Una mujer entró c